Jueves, 06 Agosto 2015 00:00

Guadix celebró a San Pedro Poveda

0806-3

GUADIX, Granada, España.
Con motivo de las fiestas patronales de San Pedro Poveda, D. Antonio Fajardo, párroco de San Miguel, ha tenido a bien dedicar un espacio para la veneración de los fieles a San Pedro Poveda, el apóstol de las Cuevas, en la parroquia de San Miguel.  El motivo de elegir este lugar es porque la labor desarrollada por el joven sacerdote Poveda a principios del siglo XX en el barrio alto de las Cuevas, se hizo vinculada a la parroquia de San Miguel de la que Poveda llegó a ser nombrado párroco, aunque nunca tomó posesión de este cargo.

Actividades de las Fiestas Patronales de San Pedro Poveda en Guadix

  • Día 27 de Julio, bendición de un cuadro de San Pedro Poveda en la Iglesia parroquial de San Miguel y Eucaristía presidida por el Señor Obispo, Don Ginés Beltrán.
  • Conferencia de la historiadora Encarnación González, sobre: Generosidad y simpatía, claves del teresianismo de San Pedro Poveda.
  • Día 28 de julio, la Hermandad del Descendimiento que tiene por titular a San Pedro Poveda, organiza y anima una Eucaristía en la Ermita Nueva, presidida por D. Manuel Amezcua, párroco de la Virgen de Gracia.

Reliquia

La Eucaristía, presidida por Mons. Ginés Ramón García Beltrán, obispo de Guadix, estuvo precedida por la bendición del nuevo Cuadro y la entronización de una reliquia del Santo, traída expresamente por doña Encarnación González, postuladora de la Causa de Canonización, para que quede a la veneración de los fieles. A pesar del calor estival de estos días, la Iglesia estaba llena.

En su homilía, D. Ginés remarcó como Poveda no se dejó vencer a pesar de los obstáculos que encontró en Guadix. La fe no sabe de cobardía y en los momentos adversos, para los hombres y las mujeres de Dios es cuando crece.

La Obra de Poveda continúa en Guadix a través de la Institución Teresiana y bien la definió Juanico cuando ya mayor se le preguntó sobre el padre Poveda y respondió: “gracias a él yo soy más persona”. D. Ginés subrayó que ésta puede ser una definición preciosa -sin saberlo Juanico- de lo que es la santidad y la tarea de evangelización: hacer personas.

Explicación del Cuadro

Al finalizar la Misa, don Antonio Fajardo, por deseo expreso del pintor que estaba presente, explicó el sentido del cuadro.

Es un precioso óleo sobre lienzo pintado por Miguel Ángel García Valenzuela, natural de Jaén, pero que tiene su taller en Córdoba.

Representa a Poveda -señaló Antonio Fajardo- rezando el Rosario delante de la Virgen de Gracia. Expresa en su semblante la encrucijada en la que se encontró en Guadix. Parece preguntarle a la Virgen ¿Cómo lo hago? Él entendió su sacerdocio desde el primer momento como una entrega martirial, un amor sin fisura hasta el final. La confidente, madre y protectora de Poveda siempre fue la Virgen, y ahí está en su advocación de Gracia. Le reza el Rosario, la oración de los pobres y sencillos. Nos hizo fijarnos en algunos detalles del cuadro: dos flores blancas, que son las flores de la pasión, símbolos de la pasión con que el Padre Poveda vivió su sacerdocio, dos velas, ambiente de oración y el escudo de la Institución Teresiana con la frase última que pronunció Poveda en esta tierra y que resume el lema de su vida: Soy sacerdote de Jesucristo.

Generosidad y simpatía, claves del teresianismo de San Pedro Poveda.

Finalizada la Eucaristía pasamos al salón de actos para escuchar la conferencia magistral que dio Encarnación González.

Unir a Poveda y a Santa Teresa cumplía un doble objetivo: hacer un homenaje a la Santa en el V Centenario de su nacimiento e ilustrar a los participantes sobre una cuestión que muchas personas se hacen ¿Por qué Institución Teresiana?

En el breve espacio de un artículo periodístico no puedo recoger toda la erudición y profundidad de la charla que se nos dio, pero sí voy a intentar recoger aquellas afirmaciones que hizo la ponente que puedan saciar un poco la curiosidad y responder a la pregunta formulada.

La ponente comenzó su conferencia trayendo al recuerdo una poesía de José María Pemán:

Sonrisa llena de luz, /Simpática, clara y llana. / ¡Ay! Teresa de Jesús, / ¿Es que eras ya Teresiana?

Porque si algo destacó Pedro Poveda de Teresa de Jesús fue precisamente esto: su generosidad y simpatía, su espíritu atrayente, su hacer posible las cosas difíciles con la mayor sencillez, su “naturalidad en sumo grado”, su elevadísima oración en medio de los múltiples y variados quehaceres diarios.

El V Centenario de su nacimiento (2015) y el no lejano I Centenario de la fundación de la Institución Teresiana (2011) proporcionan un motivo ambiental más que suficiente para profundizar en el hecho de que cuatro siglos después haya emergido definida y potente esta característica de la reformadora del Carmelo en una Obra nueva en la Iglesia, que se califica de “Teresiana”, y que nace con vocación de poner de manifiesto, como propio carisma, precisamente estas facetas esenciales del espíritu de la santa castellana, que aúna en admirable sintonía, la más firme reciedumbre con la mayor simpatía y generosidad.

Pedro Poveda ve a la Santa “Toda de Dios” y “eminentemente humana”. La clave no está en una de las dos afirmaciones, ni en las dos yuxtapuestas, sino en precisamente en la “y”, que, a la vez que une, manifiesta la diferencia. Y cualifica la relación, porque: una vida que es de Dios toda, ha de distinguirse por ser eminentemente humana. Es decir, lo humano, si está informado por lo divino, adquiere una excelencia nueva, una cualificación más plena, algo que lo distingue. 

¿Pero cuál es la consecuencia de esta simbiosis entre lo humano y lo divino? “Que así fue nuestra Madre ¿quién lo duda? ―afirma Poveda―. Y que, porque lo fue, conquistó tan universal simpatía ¿cómo no reconocerlo? Si aquella vida era toda de Dios ¿podría no ser generosa?”. Esta es su conclusión. El carácter “eminentemente humano” que debe distinguir a la persona que es “toda de Dios”, inevitablemente genera simpatía y generosidad, que son el distintivo de lo eminentemente humano.

“¿Pretender destruir lo humano? Jamás; es una quimera. ¿Intentar la perfección de lo humano por medios diferentes? Vano empeño. ¿Prescindir de Dios para perfeccionar su obra? Necia ilusión… Lo humano perfeccionado y divinizado, porque fue henchido de Dios. La Encarnación, bien entendida, la persona de Cristo, su naturaleza y su vida, dan, para quien lo entiende, la norma segura para llegar a ser santo, con la santidad más verdadera, siendo al propio tiempo humano, con el humanismo verdad. Así seremos generosos y nuestra Obra será simpática”.

El escrito del Padre Poveda que venimos comentando, tan rotundo y preciso, no fue fruto de la improvisación.

¿Fue una casualidad que el 15 de octubre de 1903, al comenzar su 2º curso las Escuelas del Sagrado Corazón de la Ermita Nueva, pusiera el nombre de Santa Teresa a la Hermandad formada por las niñas y niños de la escuela? Por las cuentas sabemos que compró una imagen de Santa Teresa de 60 cm. de altura y que costó 45 pts.; que encargó a la Imprenta Flores 300 holandesas invitando a la inauguración de la Asociación de Santa Teresa de Jesús; que asistió la banda de música a la fiesta, y que no faltó el reportaje gráfico del Sr. Chavarino. Pero fue El Accitano quien pocos días después describía a plena luz y a todo color el gran acontecimiento:

“Galantemente invitados por el ilustre director, creador y sostenedor de las Escuelas del Sagrado Corazón de Jesús Presbítero don Pedro Poveda, tuvimos el singular placer de asistir a la Ermita nueva el día quince próximamente pasado".

¿Qué se celebraba allí? La creación de la Hermandad de Santa Teresa de Jesús, cuyos cofrades primeros eran los alumnos de las Escuelas del Sagrado Corazón de Jesús…

Proponer la devoción a la Santa de Ávila era colocar en medio de los barrios altos de Guadix un elevado referente de humanidad y de gracia, de sencillez y de cultura, de naturalidad y de profunda oración.

A Poveda le atrajo desde el principio el carácter llano, franco, sencillo y comunicativo de Teresa de Jesús, de modo que su generosidad y simpatía constituyeron para él no solo un programa educativo, sino un estilo de vida espiritual. Por eso, leer a Teresa de Jesús, además de adentrarse en los caminos de la oración, era ir sintonizando con su atractivo modo de ser. Así, las obras de la Santa y la celebración de sus fiestas fueron configurando esta inseparable pedagogía-espiritualidad de tono amable y atractivo que caracteriza la Obra de Poveda, sus personas y sus actividades.

Cuando a partir de 1931 los tiempos se pusieron aún más difíciles en España y las obras de la Iglesia fueron obstaculizadas o incluso perseguidas, la generosidad y simpatía teresianas adquirieron en Poveda una nueva y, si se quiere, más profunda modalidad: la mansedumbre. En un contexto propenso a la confrontación, al odio, al nerviosismo y a la violencia, el humilde Pedro Poveda alentó a la paz, a la prudencia, a la mayor caridad.

Como sintetizando el temple de alma que deseaba ver en los miembros de la Institución Teresiana en momentos tan críticos, el año anterior, 1935, el fundador había insistido en la ineludible necesidad de la mansedumbre, la serenidad, la paz. Era el nuevo y más profundo rostro del teresianismo generoso y simpático, atractivo y cordial, que en este crítico momento debía manifestar un decidido gesto de dulzura, de bondad, de afabilidad.  

“Con dulzura se educa, con dulzura se enseña, con dulzura se inculca la virtud, con dulzura se consigue la enmienda, con dulzura se evitan muchos pecados, con dulzura se gobierna bien, con dulzura se hace todo lo bueno”.

Conclusión

El temple de ánimo de Teresa de Jesús fascinó siempre a Poveda. Admiraba a Teresa porque le agradaba su estilo, su modo hábil y simpático de superar las contrariedades; su capacidad de sacrificio y de entrega entusiasmada, su vida espiritual centrada en el amor. Pero lo que en ella era temperamento sublimado por la gracia del Señor y por la virtud, en Poveda es reflexión y teológica; espiritualidad del educador.

Su pensamiento pedagógico-espiritual camina, pues, sobre dos ejes: la simpatía-generosidad y el sacrificio que la hace posible. Es una original línea que sitúa el teresianismo atrayente en la confluencia de los dos polos: la entrega sacrificada y la generosidad-simpatía propias del amor.

Poveda no toma, pues, a Teresa como teórica de la alegría o del espíritu de sacrificio que la sustenta, sino como quien vive el temple de ánimo que él deseaba ver en los educadores. Le atraía la naturaleza optimista de Teresa de Jesús y, a partir de su persona y sus escritos elaboró la base teológico-pedagógica del nuevo carisma que sustenta la Institución Teresiana. En la España oscura y borrascosa de entonces, que anunciaba tormenta, de la mano de Teresa colocó un arco iris de esperanza y de paz.

Y lo que es bien de notar: ese sencillo acto de crear una Hermandad de Santa Teresa de Jesús allá en 1902 con las niñas y niños de las Escuelas de la Ermita nueva, visto desde hoy, constituye el germen, el punto inicial del Teresianismo de San Pedro Poveda, eje central de su existencia y carisma, que le configuró de por vida.

Maribel Sancho

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