Martes, 30 Mayo 2017 00:00

¿Quién dice que la mística no interesa?

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MADRID, España.
La tarde del 20 de mayo el salón del Colegio Mayor Poveda de Madrid estaba lleno de personas interesadas por un tema que, de entrada, parece que hoy no tiene mucho atractivo. Se trataba de la presentación del libro de Anabela Neves Rodrigues, miembro de la Institución Teresiana de Portugal, titulado "La luz que nos ilumina”.

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En la presidencia, Mónica González Navarro, directora de Narcea Ediciones, presentó a la autora como doctora en Teología por la Universidad Católica de Lisboa, diplomada en Espiritualidad por la Universidad Comillas de Madrid y especialista en santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz, y expresó su satisfacción por haber podido editar ese libro.

Felisa Elizondo que es doctora en Teología por la Universidad Santo Tomás de Roma y que ha sido profesora de esa materia en el Centro San Dámaso de Madrid y en el Instituto de Pastoral de la Universidad Pontificia de Salamanca en Madrid, hizo una primera introducción al libro de Anabela, en el que se habla de luz inaccesible, luz increada, luz inmutable, luz viviente y luz trinitaria, presentación que Anabela desarrolló posteriormente.

Místicos orientales bañados por la luz

El libro La luz que nos ilumina se divide en dos grandes capítulos: uno dedicado a la experiencia mística de la luz en Oriente y otro, dedicado a Occidente. ¿Por qué la luz?

El libro del Éxodo dice: “No se puede ver a Dios y seguir viviendo” (Ex 33,20). Para los místicos esto significa que no se puede ver a Dios con la luz de nuestra razón, pero sí en la profundidad de nuestro ser. Es la certeza interior de que Dios nos habita. Para el místico estar lleno de la presencia divina, es decir sentirse delante de la Presencia de Dios, es ser consciente de una presencia que está más allá de nosotros mismos. Es la transparencia luminosa de un Dios que aparece como luz.
Al relatar sus experiencias, muchos místicos se refieren a una luz que ilumina con fuerza su interior. Por su actualidad, incluso se pueden citar las experiencias de los recientemente canonizados pastorcitos de Fátima que decían que “la Señora es luz”.
Más remotos, pero con las mismas experiencias, son san Basilio, san Gregorio de Nisa y san Gregorio Nacianceno, el Pseudo Dionisio, san Simeón el Nuevo Teólogo, san Antonio abad, san Gregorio Palamas, el autor anónimo de “El peregrino ruso” y tantos otros padres orientales que convergen en esa misma experiencia.

La luz en los místicos de Occidente

Estos autores por su proximidad en el tiempo nos resultan más conocidos. Ojeando el libro podremos comprobar cómo san Agustín, santa Hildegarda de Bingen, santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz tuvieron experiencias de este tipo. Por ejemplo, san Agustín dice: “Vi con el ojo de mi alma una luz inmutable, no está vulgar y visible a toda carne sino mucho mayor como si esta luz, haciéndose más resplandeciente ocupase todo lugar”.

Santa Hildegarda, monja benedictina del siglo XII también escribe: “Vi una luz muy esplendorosa y, en ella, una forma humana, que ardía entera en un fuego rutilante. Y esa esplendorosa luz inundaba todo el fuego”.

Y nuestra querida santa Teresa afirma en las sextas moradas que al alma “se le muestra otra luz tan diferente de la de acá, que si toda la vida ella la estuviera fabricando, fuera imposible de alcanzar… no alcanza la imaginación por muy sutil que sea, a pintar ni trazar cómo será esa luz”.

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La luz que nos ilumina

Podría parecer que esas experiencias están fuera de nuestro alcance; y no es así. Todos los que tuvieron estas experiencias pusieron los medios para hacer ese viaje interior, para recibir y dejar emerger la luz de Dios. En la medida en que nos dejemos invadir por esa luz podremos acercarnos cada vez más para vivirla con más intensidad y reflejarla en nuestros rostros y acciones. No podemos olvidar que somos hijos de la luz.

El acto finalizó con un brindis con vino de Oporto y muchas de las personas presentes, deseando enterarse más y después de lo que había dicho la autora, adquirieron el libro de Anabela para ponerse en camino hacia esa iluminación.

Pilar Pazos, Narcea Ediciones

 

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