Sábado, 29 Diciembre 2018 09:40

La Encarnación bien entendida, Carta del Año 2019

MADRID, España.

La directora de la Institución Teresiana, Maite Uribe Bilbao, propone que el lema “Señor, sé para nosotros camino, verdad y vida. Haznos hombres y mujeres eminentemente humanos, de Dios” una este año a quienes viven la espiritualidad y el carisma de San Pedro Poveda.

Comenzamos 2019, un año que es para la Institución Teresiana el primero de un nuevo sexenio tras las Asambleas celebradas en el verano de 2018 que nos han recordado el envío a vivir como “Testigos de esperanza y comunión, llamados a salir de nuestra tierra”.

Carta foto 2019 esp“Las Asambleas han removido y renovado nuestro ser y nuestro hacer, nuestra vocación-misión y nuestro compromiso, nuestro estilo de vida y nuestras opciones cotidianas”, señala Maite Uribe, que nos presenta en este contexto de renovación su “Carta del año” con el título “La Encarnación bien entendida”. La Carta es una comunicación abierta tanto a los miembros de la IT como a “todas aquellas personas que encuentran en el carisma de Pedro Poveda una inspiración para su vivir cotidiano”.

La directora de la IT se inspira y profundiza en las palabras de una carta de Pedro Poveda, de 1915, que se ha convertido en programa para quienes quieren vivir este carisma laical y comprometido con el mundo: “La Encarnación bien entendida, la persona de Cristo, su naturaleza y su vida dan, para quien lo entiende, la norma segura para llegar a ser santo, con la santidad más verdadera, siendo al mismo tiempo humano, con el humanismo verdad”, escribe entre otras cosas Poveda.

Para Maite Uribe, la paradoja santidad-humanismo, o el ser eminentemente humanos siendo todos de Dios, en palabras de Poveda, “es una tensión propia de la vida espiritual porque son dos realidades que no se oponen, sino que se integran, no se excluyen, sino que se completan, y vivirlas de manera armónica, es lo propio de la espiritualidad de encarnación que Pedro Poveda quiere para sus colaboradores”.

“En cierto modo, Poveda nos dice que la Encarnación, bien entendida, es el principio y el origen de la misión-vocación que Jesús propuso a sus discípulos, que él propuso a las colaboradoras de las primeras Academias, y que hoy acogemos como inspiración profética para nuestra vida”.

En esta época “de transición acelerada, pluralista y a veces contradictoria”, esta paradoja, como expresión de tensión humana y espiritual, nos muestra, como en tiempos del fundador de la IT, que “la Encarnación es plenitud, plenitud de la comunicación de Dios, de la cercanía de Dios, de la revelación de Dios”.

De ahí la necesidad de entender las consecuencias de la Encarnación para nuestra vocación-misión y nuestra espiritualidad, para nuestro estilo de ser, estar y hacer, para nuestro estilo de vida, para la experiencia creyente que queremos vivir y compartir. Para Maite Uribe, “una primera consecuencia fundamental es la mirada de Dios sobre la persona humana. Para Dios, toda persona y cada persona, es una maravilla, digna de una atención única e inestimable”.

Asimismo, en la vida cotidiana, “ser plenamente humanos y de Dios, es una invitación a interiorizar un estilo de ser persona y de vivir nuestra ciudadanía integrando la tensión quienes quieren que el Reino de Dios se haga cercano, encarnado, que se abran espacios de verdad, de justicia y de paz, en las relaciones personales, familiares, sociales y políticas”... "La Encarnación bien entendida es la mejor manera de creer en la belleza de la persona humana, en su capacidad de realizarse en el día a día, en su deseo de amar y de querer alcanzar la plenitud del ser".

En el centro de nuestra fe está Jesús de Nazaret

“Todo lo que conocemos y podemos decir de Dios lo encontramos en el hombre Jesús", prosigue Maite Uribe, "y nuestra vida espiritual es identificarnos cada vez más con la realización humana tal y como la vivió Jesús. Por eso el lenguaje para comunicar a Dios a nuestros contemporáneos es hacerles entender en la práctica la calidad humana de la vida de Jesús: sus opciones, sus búsquedas, su manera de ser, de amar, de perdonar, de dar sentido a la fragilidad humana”.

Además de ofrecer claves de discernimiento y animar a caminar con los y las jóvenes, como han propuesto las Asambleas, la carta pide recrear ese estilo que Poveda dibuja y que es en definitiva la llamada a “redescubrir la capacidad humanizadora de la fe… Es un estilo de hacer y de actuar, que solo puede nacer de una insistencia muy querida a Pedro Poveda: estar llenos de Dios, solo desde ahí puede haber frutos santos, no poniendo la esperanza solo en los recursos humanos, sino en la unión y amistad con Dios”.

Como cierre de su Carta, la directora de la Institución Teresiana propone en este año que el lema “Señor, sé para nosotros camino, verdad y vida. Haznos hombres y mujeres eminentemente humanos, de Dios” sea el gran deseo que una a todas aquellas personas que se inspiran en la espiritualidad y el carisma de San Pedro Poveda.

 

NOTA: El texto de la carta en español o traducida al inglés, francés, italiano y portugués, se puede descargar abajo. Añadimos la presentación en video realizada en español.

 

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